Un mundo de madera

Retos ambientales. Hoy nos encontramos en un momento de la historia que parece ser una transición hacia nuevos modelos de organización como sociedad. La sobre explotación de los recursos naturales del planeta y el abuso de un ciclo abierto de producción y consumo de energía nos ha llevado a la alteración del equilibrio de la Tierra. La evidencia más conocida sobre este desorden es el calentamiento global.

Madera como solución. Incluso si asumimos los efectos irreversibles del cambio climático, es fundamental reducir las emisiones de CO2 e intentar secuestrar de la atmósfera parte de lo que ya se ha emitido desde la revolución industrial. Todavía no se han inventado procesos artificiales energéticamente eficientes para hacerlo. Afortunadamente, la fotosíntesis de las plantas hace este trabajo de manera natural. Los incendios espontáneos y la pudrición de los árboles es la forma natural del carbono para volver a la atmósfera. Si conseguimos incorporar madera joven dentro del entorno construido humano, estaremos secuestrando carbono a la vez que evitando consumir energía fósil para producir otros materiales como el acero, el cemento y la cerámica. Cualquier análisis energético y económico de la construcción debe contar con el Análisis del Ciclo de Vida (ACV) como herramienta clave.

Migración cultural constructiva. Los países de tradición constructiva mineral como el nuestro encontrarán más complicada la migración hacia la construcción vegetal. Sin embargo, el desarrollo de la industria de la primera transformación durante los años 90 en los países europeos de tradición maderera, nos ofrece posibilidades tecnológicas extraordinarias. Mientras en Canadá y en Estados Unidos trabajan para conseguir construir sus rascacielos con madera, en nuestro país podemos contar con un material bastante macizo como para dar continuidad a las necesidades de solidez que el imaginario colectivo asocia a los edificios habitables.